Peleas de perros y gallos


PELEAS DE PERROS

"El adiestramiento de un perro de pelea es lo más parecido a una interminable tortura, y su vida es muy corta. Hasta el mejor campeón no suele durar más de cuatro o cinco combates; el máximo son diez. De forma que, ganen o pierdan, están condenados a una muerte casi segura. Los perros de pelea que nos llegan o que recogemos -porque cuando ya no sirven los abandonan en cualquier parte-, vienen con unas heridas tremendas, sobre todo en cuello y patas, y es difícil que sobrevivan", se lamenta el director de la Fundación Altarriba.

Según datos de la Guardia Civil, unos 400 de los 2.500 o 3.000 canes que son sustraídos anualmente se destinan a sparring de los de pelea. La mayoría de ellos mueren durante los combates de entrenamiento o poco después, como consecuencia de las heridas.

En cuanto al aspecto físico, las técnicas de adiestramiento no dejan de ser crueles y abusivas: dejar a los animales horas colgados de una cuerda por sus propios dientes para fortalecer su mandíbula, hacerles correr en una cinta andadora horas y horas para desarrollar su musculatura y soltarles descargas eléctricas en el ano para desatar su agresividad antes de los entrenamientos y peleas, entre otras.

El "entrenamiento" de estos animales tiene una cobertura tanto psicológica como física. Respecto a la primera, son maltratados físicamente a base golpes, pinchazos y arañazos, y encerrados durante horas en pequeños cubículos oscuros, con el objetivo de hacerles sentir odio y rabia. Las drogas son habitualmente utilizadas en este adiestramiento: primero los perros son enganchados a ellas y después se la quitan, con lo que la ansiedad y agresividad del perro alcanzan cotas máximas. Un "ejercicio" común consiste en enfrentarlos a animales más pequeños que ellos -o perros de igual tamaño no adiestrados-, con el fin de fomentar su autoconfianza.

La preocupación ante este espectáculo de sangre y muerte no es exclusiva de España; en otros estados de la Unión Europea, como Francia y Alemania, la cuestión ha llegado a sus respectivos Parlamentos.


VACÍO LEGAL

La policía, pese a tener en ocasiones identificadas a personas participantes en peleas de perros, no puede hacer nada legalmente contra ellas debido al vacío legal en lo referente a la protección de animales. En España, como explica el comandante Pírriz, de Seprona, "las peleas de perros no son delito, sino falta, de forma que aunque sepamos a ciencia cierta dónde se está celebrando una velada, el juez nunca nos daría la orden necesaria para entrar; ni podríamos detener a nadie a no ser que en el mismo lugar se están cometiendo otro tipo de actividades delictivas".

"Las herramientas legales -insiste el comandante- son claramente insuficientes para acabar con este negocio que las Fuerzas de Seguridad, no obstante, no dejan de investigar. Se trata de círculos muy cerrados, que ya se conocen bien entre ellos, y tienen sus propias claves para comunicarse el día, hora y lugar del combate".

Las asociaciones protectoras de animales venían denunciando ya desde hace tiempo el aumento de robos de perros de presa para ser utilizados en peleas, pero en los últimos meses estas denuncias se han disparado. Las protectoras aseguran que, por las razas de los perros sustraídos, es más que evidente que van a ser utilizados en peleas o como sparring de los de combate.

Están convencidos de que hay un resurgimiento del brutal negocio, que algunos atribuyen a la entrada en España de nuevas mafias del Este y Sudamérica, áreas donde abundan las peleas a muerte entre animales.

Las últimas denuncias se han presentado en Madrid, donde Amnistía Animal denunció hace pocos días el continuo robo de perros de presa que se está produciendo por las noches en las perreras municipales; en Cataluña, según distintas asociaciones, está sucediendo exactamente lo mismo. "Cada vez nos llegan más noticias desde distintos puntos de España, sobre sucesos que tienen que ver directa o indirectamente con estas peleas, como el robo de perros de albergues y refugios e incluso de particulares", asegura el director de la Fundación Altarriba, con sede central en Barcelona, Luis Luque.


PERFIL DE LOS PARTICIPANTES

Según los informes psicológicos de que disponen algunas protectoras de animales, el perfil de los participantes en estos lamentables espectáculos, corresponde en general a "individuos con transtornos de personalidad de distintos tipos, desde psicopáticos muy agresivos a personas con graves complejos de inferioridad".

Un estudio de la Universidad de Harvard, realizado en los estados sureños de EE.UU., donde las peleas de perros son abundantes y en algunos casos tradicionales, concluyó que los hombres espectadores -casi exclusivos de estas luchas a muerte, donde es inaudito encontrar mujeres-, asisten para reforzar su masculinidad. Según el informe "los espectadores del sangriento deporte (como lo califican sus aficionados) sienten su ego inflado con las características de los canes, que se atribuyen a sí mismos: agresividad, competitividad y fuerza".

Semejante atribución a través de estos animales y peleas habla por sí sola.


PELEAS DE GALLOS

A los gallos de pelea se les provee de unas espuelas postizas sobre las suyas propias con el fin de que provoquen mayores estragos sobre los ejemplares adversarios. Hay quien defiende estas peleas como parte de un "deporte tradicional y honorable", con reglas, rituales y unos animales a los que se ha criado "con cuidado y mimo" hasta el día del enfrentamiento.

Estas peleas son muy populares en pueblos de muchos países. A medida que los pueblos van evolucionando se van haciendo más conscientes de la realidad de estos actos y, cada vez más, estos espectáculos son puestos en tela de juicio, independientemente de la tradición que los sustente, y como reflejo del valor que el ser humano da a la vida.


Noticias relacionadas:

La Guardia Civil investiga una trama de robo de perros para utilizarlos en peleas
14 Diciembre 2007, en Sur.es